27 de marzo de 2009

Radiohead en Chile


CONCHETUMAAAADREEEEEEEEEEEEE!!!!!!


Definitivamente esa es la única palabra que puede expresar todo lo que sentí en esos momentos, y lo que sigo sintiendo aún, mientras me duele cada centímetro de mi pobre cuerpo, después de tantos saltos y gritos y pisadas y empujones y todo lo que conlleva juntar a tanto fanático de Radiohead que ha pasado la vida entera esperando ese momento. Radiohead en Chile.


Y no encuentro un mejor sinónimo, porque es la palabra más pronunciada por el público cada vez que empezaba un nuevo tema. Ocurrió primero con Airbag, luego con There There, Idioteque, Reckoner, y con tantas más que se me escapan ahora, y cómo olvidar el momento Paranoid Android, cuando todos cantábamos muriendo de emoción y placer –mierda, fue el mejor orgasmo de mi vida- mientras Thom demostraba un histrionismo delicioso en el escenario y yo pensaba Dios mío ¿esto es real?.


Y mañana los veré de nuevo, porque soy una histérica compulsiva que no pudo resistir la idea de estar en casa sabiendo que Radiohead estaba tocando a media hora de mi casa –aunque tuviera mi entrada para el 27 comprada hace meses- Así que aún no puedo decir que puedo morir en paz, lo diré mañana, cuando haya cantado Paranoid Android por segunda vez!!











17 de marzo de 2009

17 de marzo



Cuando era chica, nos juntábamos este día con mi mejor amiga y tocaya y pasábamos la tarde escuchando los Pumpkins casi como un ritual religioso. Si la escuálida mesada del fin de semana había sido generosa entonces comprábamos una cerveza de litro y nos instalábamos en el patio de atrás de su casa, debajo del árbol, sentadas en el polvo junto a las garrapatas de su perro. Hacíamos un brindis por el cumpleaños de Billy Corgan y luego hablábamos del futuro, de las canciones, del colegio, de la infancia, de amor y otros temas a los que recurríamos cuando nos sentíamos en confianza. Imaginábamos cómo sería nuestra vida a los 20, a los 25, a los 27 años. Seguro estaríamos casadas a lo 27 años, viviendo en una casa llena de ventanas con un marido que seguramente era uno de los chicos que nos gustaban entonces -aunque notábamos que esa posibilidad era bastante improbable- con un perro labrador, una carrera quizás y una vida exitosa y llena de seguridad. Tendríamos la vida resuelta a los 27 años lo más probable. ¿Seríamos amigas? Por supuesto que sí, una amistad de toda una vida –una larga vida de 15 años- no se termina tan fácilmente. Nos invitaríamos a nuestros respectivos casorios, seríamos cada una la madrina de la otra y pondríamos temas de los Pumpkins en la boda, todo estaba arreglado, debajo de ese árbol todo parecía tan tangible, un futuro grandioso y una vida entera para seguir siendo amigas, para seguir escuchando Smashing Pumpkins…

No sé cuántas veces nos juntamos un 17 de marzo a brindar a salud de Corgan y su cumpleaños. No fueron muchos, pero cada 17 de marzo siento el irremediable deseo de volver a esa edad y escuchar a los Pumpkins con la misma compañía, las mismas conversaciones, la misma cerveza y el mismo futuro irreal que inventábamos ilusamente a los 15 años.

23 de enero de 2009

Slumdog Millionaire


Jamal Malik está a sólo una pregunta de ganar 20 millones de rupias. ¿Cómo lo hizo?

  1. hizo trampa
  2. Tuvo suerte
  3. Es un genio
  4. Está escrito


Cuando vi esta película, mi casa estaba llena de adolescentes entusiastas de la cerveza y el pisco –más bien todo lo que embriague- y el ruido comenzaba a ser cada vez más fuerte. Yo, como una vil abuela despojada de su juventud, me encerré en la pieza mientras mi hermano menor hacía el carrete más grande de su vida. Encerrada en la pieza un sábado en la noche, no tuve muchas opciones, y ver una película era lo único digno que podía hacer. Elegí Slumdog Millionaire porque tenía ganas de verla, porque era mi resiente adquisición y porque uno finalmente sabe que Danny Boyle nunca va a decepcionar a nadie. La película me impactó. Me llevó por todos los estados de ánimo existentes en el ser humano y finalmente terminé viendo los créditos riéndome por lo feliz que fui viéndola y por lo estúpida que me sentía al seguir llorando después de que se había acabado. Creo que si no es mi película favorita ahora, es sin duda una de ellas.

Puedo decir que la puesta en escena es maravillosa, que la narración es por completo abrasadora y que la fotografía es perfectamente bella –demás está decir que la banda sonora es preciosa y digna de ser llevada en el pendrive todos los días-, y todo sería cierto, pero lo que me enamoró por completo fue la historia, y más aún, el desenlace. Sé que éste puede ser tildado de cliché y de predecible, pero en ningún caso tales acusaciones son dignas de algún valor, o al menos para mí, que necesitaba -y por Dios que lo necesitaba- un final así.

Y tengo que decir que la escena final me mató. Jamal corriendo entre los trenes mientras las escenas de su vida pasan rápidamente en flashbacks para llegar al único beso que tiene la película que se plasma en la pantalla mientras te revelan la respuesta a la pregunta que sin haberle prestado mayor atención, habían hecho al inicio de la película. Necesito confesar que cuando salió la opción D, exploté en llanto y en risas y me quedé frente a la pantalla con una sonrisa que debo haber llevado horas. Nunca un final, me había hecho tan feliz.

Aunque todo sea irreal, aunque no existan hombres tan buenos, ni tanta suerte o tanta perseverancia, esta vez fui feliz y terminé, a duras penas y una vez más, creyendo en el amor. La esperanza es lo último que se pierde dicen, yo la pierdo muy fácilmente, pero existen películas como ésta, que irremediablemente te ayudan a recuperarla...


28 de octubre de 2008

Santiago, mon amour!

Boomp3.com


- Podríamos hacer una película como Amelie pero en Santiago, que Santiago se vea como una ciudad hermosa

- sí, mostraríamos sólo los lugares bonitos, el Forestal, los cafés, el barrio Lastarria

- y el San Cristóbal, obvio

- y el parque de las esculturas!

- ahí me pidieron pololeo una vez, no querrás mostrarlo

- es cierto

- El barrio Concha y Toro, gran valor

- Tenemos que poner Interpol en la banda sonora

- se verá como una ciudad muy depresiva

- Santiago es depresivo

- pero Amelie no lo es, estás desvirtuando nuestra idea

- tienes razón…

- siempre tengo razón

-¿My bloody...?

- me parece...

- pero ¿de qué se va a tratar?

- no sé, pero lo importantes es que Santiago se vea lindo

- Santiago, mon amour

- podríamos hacer una escena en la Pasarela Huérfanos

- cuando esté lloviendo, más romántico

- nunca he estado allí con lluvia

- vamos ahora?

- vamos!

- tenemos que mostrar los edificios de Kulcewski

- sí, y el Biógrafo

- …el Bellas Artes

- yo hago el guión y tú la diriges

- bueno, bonita, pero yo le pongo el nombre

- ¿y cómo se va a llamar?

- ¿cómo crees tú?

- Santiago, mon amour

- por eso me gustas

- ¿porque sé lo que piensas?

- porque te gusta Santiago


Para bajar:

Sometimes, My Bloody Valentine (Lost in translation soundtrack)

26 de octubre de 2008

Decir

Boomp3.com

Te amo. No es tan difícil decirlo como parece. No, no me cuesta, me duele un poco quizás. A veces oigo mi propia voz diciéndolo y creo que se me aprietan los músculos del estómago, pero puedo soportarlo. Puedo soportar muchas cosas, puedo llegar a ser fuerte, me he caído tantas veces que ya no duele lo mismo, ya no surte el mismo efecto de antes. Pienso en esas palabras –prohibidas, muchas veces- y me acuerdo de tantas cosas. Me veo como en una película, como Mouling Rouge -me gusta imaginar que ese tipo de amores existen- tomándome las cosas tan precipitadamente, gritando lo que yo quiera gritar, me veo caminando sola por la calle mojada de mi antiguo barrio –el invierno acude todas las noches a mi lado- buscando un teléfono público para llamarte y decirte lo que preferirías no oír y lo que yo preferiría no decir –ni sentir- lo inevitable para mí quizás, después de los días en los que te he extrañado tanto. Te diría que mato por acariciarte el pelo, por tenerte durmiendo en mis brazos como un niño, por hacer las mismas cosas estúpidas que hacíamos para gastar el tiempo desmedidamente.


Sí. Definitivamente duele, pero definitivamente podría decirlo mil veces antes de dejar de creerlo. Antes de empezar a lamentarlo.


Para bajar:

Hello it's Me, Todd Rundgren (Virgin suicides soundtrack)


23 de octubre de 2008

Colapso


Soy un ser fácilmente colapsable. Un ratón de laboratorio. Estresado con la simple idea de pararse frente a un laberinto de tubos. Llega un momento en que mi cerebro ya no funciona, nada le parece motivador ni interesante y entonces caigo en el irremediable colapso, en el irreflexivo espacio entre el sueño y el estudio. Si fuera un loro, sería de esos que se sacan las plumas con el pico y se quedan pelados de puro estrés.

Empezando porque los paper en inglés para la tesis me parecen repetitivos y poco relevantes –sin mencionar que ya no soporto usar el Google traductor un minuto más-, no tengo días libres en la semana y paso con dolores de estómago, haciendo dietas que me duran menos de un día y caigo en la tentación de las “chanchedades” alimenticias de pura ansiedad, mientras intento cultivar infructíferamente una vida culta de lecturas científicas cuando lo único que de verdad me gusta leer es ese libro de cuentos de un autor que nadie conoce, que me costó tres gambas en la feria del libro y cuyo peso intelectual es nulo y entonces me viene a ratos el odio académico –común en estas fechas y estos tiempos- y me imagino una vida haciendo ropa, cosiendo en la máquina de coser, lejos de la enología y los paper en inglés. Todo sería maravilloso.

Hoy, mientras cosía en la máquina del instituto – sí, pagué un instituto para aprender a hacer mi ropa, en un desesperado intento por alejarme de la agronomía- pensaba en cómo sería todo si me dedicara a eso. Si me decidiera a llevar una vida sencilla con las cosas triviales que me gustan. Pasar un día haciendo una prenda, una tarde leyendo un libro, viendo una película, yendo al gimnasio, jugando FEAR, escribiendo un cuento. Cómo sería mi vida si mandara todo al carajo. Pronto me aburriría, lo más probable. Me sentiría vacía quizás. Pero cómo me gusta soñar esa vida, cómo me gusta vivirla a ratos.

Mientras tanto me estreso. Mientras, sigo adelante, porque no hay otro camino, porque ya estoy cerca, porque no puedo devolverme. Y cuando es de madrugada y las traducciones de paper sobre compuestos fenólicos me colman, y mi cerebro se muere y mi colon se manifiesta –no entraré en detalles al respecto- y el sueño me atonta y las preocupaciones se me vienen encima y la pena y los problemas sentimentales –uno siempre tiene uno recurrente a la hora del estudio- y las ganas de dormir 300 horas seguidas y de haber estudiado algo más liviano y cuando todo ese agobio estudiantil de fin de semestre se hace presente cual estatua incólume frente a tus cuadernos de estudio, es cuando el colapso se hace innegable y sólo quiero enterrarme en mi cama y no saber de nada más nunca más.

Un poco de misericordia, es todo lo que pido. Sólo un poco.

10 de septiembre de 2008

Malditos hacker!!



Después de tener un novio hacker, uno ya no se siente segura en nada de lo que escribas, aunque inventes las contraseñas más rebuscadas y largas del planeta. Da lo mismo escribir en la privacidad del Word de tu notebook –con contraseña y todo- o hacerlo abiertamente por Blogger. Las posibilidades de ser leída son las mismas. Y una que no puede contenerse, que necesita contar todo lo que pasa en su vida a una blanca y plácida página de Word, está condenada. O te descubren, o te descubren igual.

Y aquí estoy, escribiendo, creyendo que todo lo que estoy diciendo él lo sabrá. Que estoy comunicándome indirectamente con él –aunque realmente no exista tal comunicación entre nosotros- saboreando, inventando y hasta fantaseando que por una de esas increíblemente prodigiosas cualidades del destino, él podrá entenderme. Pero no le pidamos peras al olmo, es sólo un hombre.

No deberían existir los hacker, o no deberían dejarlos tener novias. Son lo peor. Deberían encerrarlos a todos en una isla para que se espíen entre ellos mismos y dejen a la gente normal creer que pueden guardar sus secretos en sus computadores y sus archivos Word. La vida sería más bella. Y la mía por cierto, mucho más apacible.

(Ojala tuvieran la tecla suprimir en la cabeza!!)

14 de julio de 2008

Te lo dije



Déjame decirte por favor que te lo advertí. Que por mucho tiempo fuiste la única persona que no lo notó. Te lo dije. Lamento tener que decirte que todo lo que creíste era una mentira, un montaje, el disfraz de lo que quisiste ver, lo que quisiste creer. No hubo nada cierto en ello y tú sigues creyendo que hay algo de verdad? No lo conociste, lo que te mostró no era cierto, no hay nada de raro en eso, pasa todo el tiempo, sólo que tú no quieres darte cuenta. Todo te lo imaginaste, después de tanto tiempo aún no te das cuenta que la vida es así, que sólo era un desconocido, el personaje misterioso que nunca reveló su identidad en una mala película clase B. Creaste una historia que nadie más que tú creyó, todo un argumento para respaldar lo que sentías, lo que iba haciéndose más grande que tú, hasta que fuiste innecesaria en tu propia historia y entonces te desechaste, te hiciste vieja e inservible. Nadie es irreemplazable, recuérdalo. Menos tú en esa historia absurda que sólo tú seguiste.

Así que date cuenta, abre los ojos, mírate, tú dejaste que llegara hasta aquí, ya no sufras, jamás existió, todo te lo inventaste tú en tu afán de encontrar lo que siempre quisiste, en tu estúpida idea de que todo estaba allí a tu lado, tomándote de la mano y diciéndote lo que querías oír, como si hubiera un corazón que sintiera eso allí dentro, como si después de tanto te tocara el turno de ser feliz. Sacaste un número demasiado alto cariño, tu turno nunca va a llegar. Date cuenta de una vez y no vuelvas a creer nunca. Nunca.

4 de julio de 2008

El fin



Por alguna razón que desconozco, sabíamos que iba a explotar. Que los muros, los hierros fundidos y el vidrio se nos vendrían encima. Lo sabíamos porque de alguna forma era predecible. La gente decía que esas cosas eran predecibles. Yo no lo creí, yo pensaba que esas cosas no podrían pasar en una ciudad como ésta, en una vida como ésta, cuando las cosas impensables no pasan, y yo no creí porque él era un desconocido y uno nunca le cree a los desconocidos. Uno siempre cree que la gente miente y que dirán mentiras para impresionarte –lo que siempre pasa-, pero él no mentía. ¿Existe alguien que no mienta? No sé, pero él no mentía cuando me dijo que corriera de allí, que todo se iba a derrumbar y que nada sería como lo conocía hasta entonces. Me divirtió su forma exagerada de ver las cosas y le pregunté su nombre. Iván, dijo, y yo me aprendí su nombre mientras caminábamos sobre los adoquines con paso apurado, yo me reía de él, él se reía de mi incredulidad. Me tomó del brazo y me dijo que teníamos que apurarnos. Se llamaba Iván como el niño de la película rusa, me compró cabritas en una esquina y nos paramos un rato. Yo me echaba unas cabritas a la boca cuando estalló. Había humo y cenizas en el aire. Habían gritos de la gente que corría sin sentido, yo no podía creer lo que estaba viendo. Te dije que explotaría repitió. Yo miraba la nube crecer sobre la ciudad, sobre nuestras cabezas, miré a mi alrededor el Apocalipsis despertando entre los escombros, en las caras de la gente, en el cielo oscuro surcado por el fuego. Me aferré al brazo de Iván como si fuera lo último real que iba quedando. Si tú esperas yo esperaré dije, si tú corres yo correré. Rocas calientes iban golpeando el cemento de las calles, Iván me tomó de la mano y antes que el abrazo ceniciento del fin nos alcanzara nos pusimos a correr.

24 de mayo de 2008

Escena Final




Santiago se caía a pedazos, se iba desarmando con las calles anegadas y los canales desbordados del barrio alto. Íbamos caminando debajo de la lluvia cuando todos se ocultaban de ella, saltando sobre los charcos, burlándonos de los que metían los pies al agua. Íbamos de la mano como si eso quisiera decir algo. Como si significara que nos queríamos. Supongo que nos queríamos, pero las manos tomadas no quieren decir eso de todas formas. Nos paramos en medio de la calle bajo la lluvia y el paraguas y nos miramos sonrientes, como en una película, como a él le gusta que sean todas las cosas. Me besa las mejillas y me dice que mi pelo ya no es liso bajo la lluvia, me besa en los labios y me abraza diciendo que me quiere. Sí, dice te quiero con naturalidad, su voz hasta rima con la lluvia y calza perfecto en la escena, como un sonido diegético, en la espacialidad acústica que ha creado en su película. Esa que se está inventando mientras me da un beso. “¿Has notado que en las películas llueve más fuerte?”, sí, era una película sin duda, la lluvia era como la de las películas, casi hasta podía oír la música en off de la despedida, “Just like honey” podría haber sido fácilmente, o alguna versión chilena más barata, siempre se debe cuidar el presupuesto.

Pasa una pareja corriendo y salpicando agua. Me dice que no puede estar conmigo por razones que no entiendo. No soy muy buena actriz, pero disimulo bien el hecho de que ya había leído el guión un par de veces a escondidas. Entonces recuerdo mis líneas y le digo que se quede conmigo, que la lluvia no sería tan entretenida si no estuviera él. Sonríe y yo le sonrío también. No sé si es una bonita escena, no deja de parecerme un poco triste. Quisiera no tener que interpretar yo el papel del personaje despreciado –el pintor desdichado, para ser más exactos- pero es lo que me tocó supongo.

La escena debe terminar. Me gustaría que se pareciese a la despedida de “Perdidos en Tokio”, pero la película no es mía sino suya y supongo que es un poco más desesperanzadora debido a eso. Me dice que soy la persona más especial en su vida y que no se va a olvidar de todo esto. Me besa la frente y se va. Camina unos pasos y se da vuelta. Yo hago lo mismo y lo miro a unos metros mojándose con la lluvia que parece llenar el espacio entre nosotros. Supongo que la lluvia era el único sonido en escena, me doy la vuelta y camino hacia mi casa. Cuando volteo ya no está. Me quedé sola en la pantalla, con el paraguas en la mano, no hay música y la lluvia se va apagando lentamente antes de que aparezcan los créditos.

8 de mayo de 2008

Sendero de Chile




- Podrías hacer una película que se trate de dos personas que recorren el sendero de Chile hablando de sexo
- pero eso sería sólo una parte de la película, no puede tratarse de eso
- pero sería como “En la cama”, toda la película basada en una conversación, con este paisaje de fondo, mira!... yo la vería feliz
- y los personajes ¿se conocen acá?
- No, quizás vinieron de vacaciones juntos como amigos…
- Ya… ¿y?
- Y deciden recorrer el sendero de Chile juntos, hablando de sexo
- ¿Cómo ahora?
- Sí
- Y ¿se gustan?
- Quizás, uno nunca sabe…. ¿Qué crees tú?, ¿se gustan?
- No sé, dime tú
- Yo creo que sí…
- ya, y ¿qué más pasa en la película?
- Empiezan a conocerse más. Después se confiesan sus secretos, su pasado, sus temores, quizás ahí vienen las palabras sabias yo creo, se entienden, se apoyan…
- Y si hago esa película, ¿la irías a ver?
- Obvio, es una buena historia
- ¿y si ya no somos amigos?
- No sé, yo creo que igual iría, pero no te lo diría
- Entonces cuando la haga, te mandaré una invitación a la última función, y yo voy a estar escondido en la sala, entre el público, para ver tu reacción
- ¿Y por qué?
- No sé, para que cuando termine la película yo me acerque y te invite a tomar un café
- Como en el cuento de Fuguet! ¿has leído “Por favor rebobinar”?
- No
- Bueno, en ese libro sale un cuento así. Serás como un personaje de Fuguet
- Bueno y ¿en qué termina la película?
- En que tienen sexo
- Y ¿se quedan juntos?
- Yo creo que sí… ¿qué crees tú?
- Que sí…
- ¿crees que se van a amar algún día?
- Eso espero…

28 de abril de 2008

Frío


No puedo. Hay cosas que a veces uno piensa y cree y se aferra a ellas y las hace suyas como si se pudiera hacer eso y entonces de un momento a otro, cuando llueve a veces, o cuando simplemente no pasa nada, te das cuenta que no puedes. Que hay cosas que nunca vas a creer. Cosas que nunca vas a entender lo suficiente porque quizás es más fácil seguir en la ignorancia, seguir sin entender nada.
No sé muy bien a qué me refiero. Tampoco sé si lo ignoro del todo o lo sospecho. Más bien creo que lo sospecho. Hace frío y el frío me hace pensar estas cosas. De vez en cuando me hace pensar que no veo nada ni a nadie. Otras pienso que nada me resulta cierto. Nada ni nadie. Por eso no me gusta el invierno. Menos el frío. Por eso prefiero la soledad en el invierno.

15 de abril de 2008

The radio dept. Pulling our weight

La banda sonora de mis días de otoño...
y de los fríos días que se vienen



In time we might walk the straight line
But with memories of a grapevine
A guitar, as we came close from far
Forgot about the war
We barely touched
As if being watched

And even in time
We’ll give in to crime
We’ll be on the line
Pulling our weight

Many miles from where I’m sleeping
You share laughter in the evening
As do I, in the great divine
Yours is mine
We’ll find love
The kind we’re dreaming of

And even in time
We’ll give in to crime
We’ll be on the line
Pulling our weight

14 de abril de 2008

Destino


Me gusta pensar en los antojos del destino, en esas milésimas de segundos que pueden transformar todo lo que creías predispuesto a vivir. Me gusta pensar en eso y preguntarme ¿qué hubiese pasado si yo no hubiese llevado mi pendrive con el “In rainbows” en él?¿si hubiese conseguido un asiento en la micro?, ¿si él hubiese ido hablando con sus amigos?,¿si no se hubiese subido a la micro la señora que me apretaba incómodamente?. Bueno, sin el “In rainbows” no hubiese pensado tantas cosas inciertas. Me hubiese ido sentada en la micro mirando hacia fuera. Si la señora no me hubiese incomodado entonces me quedaba en mi lugar todo el viaje hasta bajarme en mi casa. Nunca nos hubiésemos conocido.

Pero el destino tiene sus afanes y uno no lo nota hasta que te das cuenta que sin esa cadena de insignificantes trivialidades tu vida seguiría siendo igual que siempre. Pero no había un asiento en la micro y el “In rainbows” sonaba en mis orejas mientras él estaba solo y yo estaba siendo víctima de una señora gorda que se caía sobre mí en cada frenada, obligándome a buscar otro lugar en la micro donde estar, otro lugar que resultó ser justo a su lado.

Y ahí estoy yo, en un lugar que no había estado nunca, urdiendo cosas desconocidas en lo absoluto. Todo porque se me ocurrió irme sola una noche después de muchas cervezas y música y caminar hasta el paradero justo a esa hora y escuchar “Reckoner” en el pendrive mientras los borrachos de la micro conformaban algo así como las imágenes de la banda sonora de mi vida y yo pensaba en él y me preguntaba si estaría pensando lo mismo que yo, si estaría dispuesto a hablar conmigo antes que la micro llegara a mi casa y yo tuviera que bajarme.

Sí, me gustan los antojos del destino, esas trivialidades que transforman tu vida, y que después de una bonita historia y un beso en algún rincón de Santiago, no terminas de agradecer.

16 de marzo de 2008

Interpol, Santiago 2008



Debo aclarar que no haber contado con la plata para pagar la entrada al concierto de Interpol y haberme sometido al estresante sistema de entrar a la mala con un ticket-dealer que por 10 lucas nos dejó entre el primer control y el segundo –algo así como el limbo- fue una experiencia que bordeaba lo terrorífico. Sin embargo no me quejo. No cualquiera puede ver un show tan hermoso por las módicas 10 lucas que pagamos todos nosotros.

El concierto empezó con “Pioneer to the falls”, y sólo entonces le tomé el peso al hecho de que estaba ahí frente a Interpol, una banda que nunca esperé ver en mi querido y perdido país. Sentada en la platea del teatro Caupolican, todos esos días depresivos se me vinieron entonces de golpe a la memoria y pensé –casi alegrándome de que tan sólo fueran un recuerdo ahora- en lo mal que lo he pasado a veces y de lo terriblemente significativa que se vuelve la música en tu vida. De lo profundo que puede calarte la mente una sola canción, sólo 5 minutos de sonidos que se te quedan como una marca indeleble. Y cuando pasan al segundo tema, el maravilloso “Obstacle one” no puedo mantenerme sentada, un puñado de sentimientos se me vienen encima inclementes y recuerdo las imágenes que me inventé de un Santiago invernal, un Santiago gris, vacío, mojado, quieto, el Santiago nocturno que vi escuchando “Obstacle one” en la micro cuando era invierno en mi vida y afuera llovía tan fuerte como en mi cabeza. Y como si ellos hubiesen podido entenderme en esos momentos, lanzan “Untitled”, el tema más bello del mundo en esos momentos para los que estábamos presentes, y yo sólo pude abrazar a Eduardo y dar gracias al cielo por estar ahí, por estar mejor, por haber sobrevivido.

El concierto al final resultó ser increíble. Sonaban como en un disco y la oscuridad de sus canciones nos mantuvo hipnotizados durante la hora y media que duró el concierto. Al final quedé con la sensación de haber desenterrado mis penas, haberlas perdonado y sepultado con la última canción la noche. Y yo salí del teatro sintiéndome increíblemente feliz –con el estómago revuelto, con fatiga y ganas de morir físicamente, pero feliz al fin y al cabo-

30 de enero de 2008

I am Legend


Cuando decidí ir a ver esta película pensé: quiero por sobre todas las cosas ver Nueva York devastado y allanado por animales salvajes corriendo por la Quinta avenida y los escenarios típicos donde Carrie Bradshaw se juntaba con sus amigas para hablar de hombres. Quería ver una película al estilo 28 days later, con buena música, algunas escenas chistosas, otras escalofriantes y tal vez un final simpático. Nada muy exigente a pesar de lo mucho que llevaba queriendo verla.

Nada me hizo sospechar lo terrible que sería para mí estar frente a esas escenas cargadas de una tristeza absoluta, de esas que quizás preferirías estar sola en la sala de cine para llorar a gritos. Quizás exagero. Quizás nadie más que yo la encontró triste, quizás nadie más que yo se puso a llorar porque tuvo que matar a su perro mientras cantaba "todo va a estar bien" o porque el protagonista le suplicaba a un maniquí que le dijera hola, pero esas escenas por Dios que me llegaron hasta el hueso. Creo que aunque Santiago aún no es contagiado por ningún virus que extermine a los seres humanos uno puede llegar a sentirse así de solo. Así de miserable.

La película resultó ser absolutamente distinta a lo que yo esperaba, resultó que salí del cine sintiéndome sola, miserable, con ganas de abrazar a mi gato, de reordenar mi vida y sobretodo: de tener un pastor alemán. Después de haberme sentido miserable, como el propio Robert Neville (Will Smith) emitiendo mensajes al mundo en busca de un ser humano que pueda hacerle compañía, pensé en lo parecida que es la ciencia ficción con la realidad. Pensé en lo solos que estamos a veces. En esa soledad infinita que de vez en cuando parece ahogarnos.

Al final de cuentas me pareció buena, pero no puedo dejar de recalcar que el final fue lo peor que pudieron hacerle a esa película que tenía mucho más que dar. Al salir del cine y comentar la película me enteré que era una novela escrita hace años donde la razón de todo resultó ser absolutamente distinta, y me pareció que para los que esperaban la película por el libro debieron haberse sentido muy decepcionados. Nunca entendí por qué habían leones y hasta peces en las piscinas –ni cagando se habían escapado del zoológico, como me dijeron por ahí-, me molestó que los humanoides tuvieran un líder –me recordó a esa sobrevalorada película “la tierra de los muertos vivos”- y que terminara con una moraleja religiosa que en ningún caso tenía lugar –no tuvieron más tiempo los guionistas para pensar algo mejor?- por lo que la película no se llevó mi máxima admiración, pero de que me tocó hasta lo último de mis emociones, sí, lo hizo. Y puta que me dolió…

“Me llamo Robert Neville. Soy un superviviente que vive en la ciudad de Nueva York. Estoy transmitiendo en toda la banda de AM. Estaré en el puerto de South Street todos los días al mediodía: cuando el sol está más alto. Si hay alguien ahí… quien sea… si hay alguien ahí puedo proporcionar comida, refugio y seguridad. Si hay alguien ahí… quien sea… por favor… no estás solo”.

29 de enero de 2008

Oscuridad


Estaba la luz apagada porque a él le gustaba la luz apagada cuando escuchaba música. Eso hacíamos, hablar y escuchar el Parachutes de Coldplay con la luz apagada. Estaba sentado a unos metros de mí, yo veía su silueta y el lugar donde debería estar su rostro. No veía nada más, y supongo que él tampoco. Pero de todas formas lo miraba, imaginaba su boca moviéndose al pronunciar las palabras y su sonrisa cuando lo escuchaba reír. De vez en cuando el foco de un auto en la calle atravesaba la ventana e iluminaba su cara y los mechones de pelo que le caían encima mientras hablaba de Sartre y del libro que había leído de él hace poco mientras yo guardaba silencio y me comía las uñas aprovechando la penumbra y su imposibilidad de verme. Le dije que mejor fuera a comprar una cerveza, que la filosofía no iba conmigo aunque me gustara la utopía de Sartre y dijo que afuera hacía demasiado frío y se acercó a la cama donde yo estaba y miró por la ventana unos segundos como calculando los grados Celsius a través del vidrio. Era más bien grande y parecía crecer junto a la exigua luz que entraba desde la ventana, como un animal enfurecido, quizás pensé eso o quizás pensé en un animal hambriento, de todas formas pensé en un animal cuando lo vi montado en la ventana y le toqué el brazo como esperando que volviera a ser un ser humano a mi lado hablando de filósofos franceses y entonces me miró y sus ojos estaban ciegos, o eso creí, porque fruncía el ceño como buscándome en la penumbra y yo tuve miedo de que sus ojos chocaran con los míos no sé porqué y le dije que no hacía tanto frío como para ir por una cerveza y él encontró mis ojos y me dijo el vidrio está empañado, debe hacer un frío de mierda allí afuera y por alguna razón yo no quería -o no podía- sacar mi mano de su brazo como esperando que volviera a su forma humana o se quedara allí, congelado junto a mí toda la noche. Entonces fue como si se complementara con la oscuridad y creciera más aún sobre mí hasta cubrirme por completo y dejarme sin aire. No me dijo nada y yo tampoco. Puso su mano en mi cintura y me deslizó sobre la cama como si fuera una hoja de uno de sus libros de Sartre. No podía ver su cara, ni sus ojos, tampoco si me estaba mirando o permanecía ciego bajo sus parpados. Metió sus manos bajo mi ropa mientras el disco de Coldplay todavía sonaba y se mezclaba con la oscuridad y los reflejos de la ventana y su cuerpo inmenso y mis ganas eternas y el existencialismo de Sartre y el eco de la cama y de las sombras.

Creo que estuvimos a oscuras hasta que se resignó la noche y se terminó la música y las luces de la ciudad se apagaban en la niebla y los perros guardaban su lúgubre silencio al igual que la cama y que nosotros. Le dije que ahora podía ir a comprar la cerveza y me dijo que ya no estábamos hablando de filosofía así que podía prescindir de ella, entonces me abrazó y se quedó callado el resto de la noche como si durmiera o como si fingiera dormir y yo miraba la ventana y pensaba en el frío de los perros y su respiración apagada como si dejara de existir de a poco y fingí dormir un rato hasta que me dormí de verdad y me perdí en sueños donde él aparecía más grande aún alzándose sobre mí como una estatua impoluta y severa.

Cuando despertamos el día estaba colándose insolente desde la ventana y me sonrió antes de comenzar a vestirse. Me habló de unas películas que se había conseguido y de un asunto pendiente con un profesor de su universidad. Me vestí casi sin ganas y me dijo que me iría a dejar al bus. Éramos amigos sin duda, y yo tuve que acordarme del existencialismo antes de comenzar a fingir. Nunca más volvimos a hablar de Sartre.

7 de diciembre de 2007

Cucao




No recordaba el nombre hasta hace poco. Se llamaba Cucao. Había un lago oscuro y enorme, un río igualmente oscuro y una playa infinita. Parecía que el sol no terminaba de ocultarse nunca. Me acordé cuando veía la sinopsis de una película donde un grupo de amigos se tiraban corriendo por la ladera de un cerro y fumaban hierba en un bosque oscuro. Lo vi y me acordé de Cucao, de cuando me subí a un cerro y miré el mar y el lago y el río al mismo tiempo, me senté en el pasto y fumé hierba mirando un atardecer que no se terminaba, que el viento parecía congelar en una imagen proyectaba quinientas veces por segundo cuando todavía era una niña o lo que parecía una niña y pensaba que yo era el objeto más minúsculo del paisaje, una mancha errónea en la pintura.
Tuve ganas de estar ahí otra vez. En ese mismo cerro con el mismo viento enfriándome la nariz. Tuve ganas de ser la misma niña sentada sola fumando hierba en un rincón donde se acaba el mundo y se olvida el resto.

17 de noviembre de 2007

Chemical Happiness


Después de dos noches intentando infructíferamente estudiar fruticultura -qué palabra más adecuada-, con la cabeza llena de recuerdos del fin de semana y con todas las ganas de seguir saltando y gritando como una enajenada frente a dos ingleses poniendo las canciones más bailables del mundo, decidí que esto ya no podía seguir así. O aislaba un poco toda la emoción explosiva que me abordaba cada vez que recordaba el fin de semana o simplemente me iba a seguir yendo mal en las pruebas de fin de semestre. Por lo que el “We are the night” de los Chemical se fue del winamp de mi computador y de las carpetas de mi pendrive, así de drástica. Pero hoy, al llegar al trabajo y no tener con quien hablar ni ganas de seguir buscando información del maldito trabajo de Corea se me ocurrió buscar en youtube más videos de Chemical. Cuando llegué a uno de Burst Generator tomado desde cierta distancia del escenario y vi esa explosión irresistible de luces y los gritos de la gente, las manos alzadas y la música como salida a presión de los parlantes, me dieron ganas –aunque suene mamón- de ponerme a llorar. Es que aún no puedo salir de esa felicidad asfixiante que me dejó ver a Chemical Brothers en vivo –sí, felicidad asfixiante, de esa que por más que quieras pensar en algo triste o dejar de sonreír cuando viajas en el metro, no puedes- como si mi mente siguiera ahí, en primera fila, viendo a los Chemical pasearse por el escenario, más desenvueltos que antes, más cariñosos que antes, como si dos veces tocando en Chile los hiciera sentirse como en casa, estamos aquí otra vez, dándoles el mejor orgasmo de sus vidas fucking groupies!!

Cada vez que voy a un concierto quedo algo afectada por esta felicidad avasalladora. Unas veces más que otras, claro, y cada vez tengo una leve tendencia a pensar “éste sí que fue un buen concierto”. Si tuviera que elegir el mejor de mi vida me quedo sin palabras. Pues todos han sido increíbles –menos Placebo- aunque por fidelidad debo decir que el mejor de mi vida fue Smashing Pumpkins en el 98’, pero ahora, cuando sólo ha pasado una semana del concierto de Chemical Brothers en Chile y yo aún no puedo salir de ese estado mental estúpido y aletargante que me acompaña hasta en las pruebas y en las somníferas clases de Loyola, creo tener una cierta certeza cuando pienso que éste –sin contar a Smashing porque mi amor por ellos es demasiado grande- fue el mejor recital de mi vida.

Me siento incapaz de pensar en otra cosa. Sobretodo ahora que no puedo dejar de escuchar Burst Generator y trato –por Dios que trato- de no ponerme a bailar en mi puesto de trabajo. No sé, Chemical es insoportablemente feliz, y no puedo no serlo cuando escucho Sunshine Underground, siento que mi vida es increíble, que haber tenido la suerte de ver a los Chemical dos veces en primera fila me convierte en algo así como la felicidad hecha ser humano –sin mencionar el show de Björk al día siguiente y la fuga heroica desde cancha a vip- y que mis días ahora son como una película con Sunshine Underground y Star guitar como banda sonora.


http://es.youtube.com/watch?v=xPZiFJh93SA

Así es mi vida ahora. Así es como esa canción. Como ese video.

28 de octubre de 2007

El recuerdo


El mismo olor otra vez. Ese olor que expelía de las sábanas en las mañana calurosas del verano. El olor de los cuerpos, a quietud y tedio, el monótono despertar de las mañanas cuando eran cortas y él se levantaba antes del amanecer. Se iba y yo abría la ventana como esperando que la noche o lo que quedaba de ella se llevara ese olor, que borrara de mi nariz cansada el recuerdo, la monotonía quizás, las ganas de volver a la cama y dormir una vez más. Yo me levantaba y cambiaba las sábanas. A veces no lo hacía y simplemente me sentaba en la ventana a mirar los maceteros resecos. A veces enterraba mi nariz en las sábanas y me acordaba de él con ternura, otras no tanto. Hubieron veces que las remojé durante días enteros en la tina. Tal vez no me gustaba su olor o no me podía acostumbrar a él. Yo no sé. Un día se fue y yo boté las sábanas a la basura, me vestí y me puse a vagar por las calles bajo el sol y el humo del aire que se pegaba en el pelo, en la piel, en mi nariz cansada. Miré las vitrinas de la calle y alimenté a un perro sarnoso que movía su cola o algo esquelético que lo parecía. Crucé el puente y me fijé en el agua sucia del río, en el olor del río. El olor del barrio de adoquines y faroles quebrados a la orilla del río. Entonces lo encontré a él y sonreía. Me dijo que me quería. Yo olía a humo y a río sucio, a perro sarnoso y quizás también a sábanas húmedas. Yo le creí de todas formas. Nunca me olvidé del olor de sus palabras ni de la cara que puso cuando le dije te creo. Atardecía y el humo se hacía tenue como los colores del río. Como los reflejos del río.
Cuando se fue abrí la ventana y olí la noche, el ruido de los perros tristes y la cuidad oscura. Lo esperé un tiempo, una semana o dos tal vez, su olor se fue de la cama, de las sábanas sucias y yo fui olvidando cómo era, yo fui olvidando sus palabras y el olor de sus palabras, las sonrisas y la soledad de los amaneceres junto a la ventana. Aún recuerdo esas mañanas cortas, los cuerpos y el tedio, pero de su olor no volví a acordarme más.